26-07-2026
Por Chiara Perucca
Socio-antropóloga, Coach ontológica y Corporal. Leader del Capitulo Europa de la Federación Internacional de Coaching Ontológico Profesional (FICOP)
En los chats de padres del colegio (instancia fundamental de intercambio entre progenitores en época COVID), se registraron grandes debates acerca de la muerte de adolescentes que tomaron parte a retos difundidos en redes sociales.
Tengo una mirada antropológica al respecto: el hecho que JÓVENES se sometan a RETOS de por sí no es nada nuevo.
En las sociedades tradicionales, los Ritos de Paso son momentos comunitarios que marcan la transición de un estatus a otro para algunos de sus miembros, como, por ejemplo, el pasaje de la niñez a la adultez.
Esos rituales implican muy a menudo pruebas muy desafiantes, psicológica o corporalmente, y se considera que esos ritos pongan en escena una Muerte Simbólica para sus participantes, quienes con esa muerte sellan la etapa anterior para renacer y reintegrarse en su comunidad con un nuevo rol. Vuelven las mismas palabras claves que he leído en los chats de padres: Jóvenes, Retos, Muerte.
Pero hay una diferencia fundamental: los desafíos de Tik Tok son retos carentes de un contexto ritual, son pruebas sin fundamento ético ni propósito trascendente.
Lo que pasa es que nuestros adolescentes se mueren (¡literalmente!) por la gana de demostrar su valentía a su “tribu”!
De forma parecida, un joven indígena se dispone intrépido a superar pruebas para que su gente sepa que, si aguanta eso, ya es hombre.
Sin embargo, en las redes sociales ya no se trata de forjar un valor puesto al servicio de la comunidad sino de exhibir un atrevimiento autorreferencial y estéril.
Lo que falta a los retos que, de manera torpe y tremendamente peligrosa, improvisan nuestros jóvenes es un Sentido Profundo.
¿Y de dónde lo sacamos entonces? Justo allí, al final del túnel. Lo que pasa es que una de las cosas que más regala un sentido a la vida es la mismísima Muerte.
Nuestros adolescentes juegan a morir, coquetean con la Muerte, pero viven en sociedades en las que se le tiene tanto miedo, que casi actuamos como si no existiera: ¡así que ellos no tienen la menor idea de que es eso con lo que andan jugando!
Nadie les enseñó a contemplar el misterio de la muerte, nadie conversó con ellos de la posibilidad de morir y volver a renacer para ser mejores personas para su comunidad.
Demasiados ocupados estamos, los adultos mismos, en contar la cantidad de “like” que tienen nuestros posteos en las redes.
Viendo así las cosas, el verdadero Reto, a mi parecer, es para los adultos: me refiero al desafío de cultivar una Relación Significativa con la Muerte.
Para eso sí que se necesita valentía, y una valentía que nos hace verdaderos hombres y mujeres, y como tales nos permite asumir la responsabilidad de ser ejemplos coherentes para nuestros hijos.