26-07-2026
Por Sergio Etcheverry
Psicólogo, Periodista, Conductor de Radio y Escritor
Normalmente, no queremos hablar de la muerte… y mucho menos, de la muerte autoprovocada. Pero es necesario, casi imperioso.
Hoy es el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. Según la Organización Mundial de la Salud, cada cuarenta segundos una persona se quita la vida en el planeta. O sea, que en el tiempo que te lleva leer este breve artículo, cuatro o cinco personas dejarán de existir… así de sencillo… o de complicado.
Aunque no necesariamente, la ansiedad y la depresión pueden llevar a cabo una decisión esta trágica. Y la famosa frase “el que se va a matar no avisa”, es un simple enunciado sin mucho fundamento. En muchísimos casos, la persona medita y planea sobre su muerte y eventualmente, la lleva a cabo.
Hay señales que indican esto una acentuada preocupación o un aburrimiento extremo; el cambio de hábitos, la imposibilidad de realizar las tareas cotidianas, dejar de comer, miedos, dificultad para conciliar el sueño, todas son, entre otras, avisos que nos deben poner en alarma.
¿Qué hacer en estos casos? Lo primero, no estigmatizar y no juzgar. Acercarse a la persona, escuchar. La situación es más grave aún si la persona habla de infligirse daño e incluso habla de la forma de hacerlo, por lo que debe buscarse la ayuda de un profesional rápidamente.
¿Y qué pasa si eres tú el que atraviesa esta situación? Pide ayuda, no te sientas avergonzado. La ansiedad y la depresión se da en hombres y en mujeres, a cualquier edad y en diversas condiciones sociales. Puede ser un amigo, un pariente, un pastor, un sacerdote, un psicólogo o un psiquiatra: lo importante es hablar del problema para ver una luz.
En el Hospital de Clínicas existe un servicio gratuito y hay otros lugares donde acudir. No te cierres… hay una luz al final del camino. No pases a ser uno más en la estadística.