25-05-2026
Por Patricio Pitta
Director de JCI - CDE (Cámara Junior Internacional)
No es que el hombre deba ser de izquierda o derecha, rojo o azul, opositores u oficialistas. Las necesidades del pueblo no poseen colores ni entienden de encasillamientos, de este modo el tren del «progreso» no seguirá pasando por el valle. La subordinación, elitismo, y la necesidad (ambición personal) de unos extremadamente pocos, seguirán desviando el carril, dándole trayectoria a sus bolsillos.
Fíjense en las palabras provenientes –tal parecer ser de un libreto- que cada cinco años las repiten, las promesas siguen siendo las mismas al igual que aquellos que prometen, siguen siendo los mismos de siempre.
Para que realmente haya cambio lo que es preciso es que las personas sean más humanas, que el hombre ame más, o más bien, que empiece a amar. Más no me refiero al amor distinto a los que nos venden, no ese amor comercial, sino que me refiero más bien, al amor del árbol, de los ríos, el amor que proviene del canto de las aves, me refiero al amor del astro rey, que abriga a todos sin discriminación alguna, desinteresada e incansablemente, y hace germinar a todos. Me refiero al amor de la madre, con la misma intensidad y pureza que la madre ama al hijo, es preciso amar, amar a la nación, amar el quehacer cívico.
Para que se dé un cambio verdaderamente, es preciso que el hombre sea un agricultor. Así es, un agricultor, donde sea que se encuentre, que cultive. . . que cultive la honestidad, la responsabilidad, la justicia, la igualdad, la libertad y una vez cosechada en su recto andar deberá ir dejando semillas tras sus huellas.
Es preciso, la práctica de los valores para dar trascendencia a la vida, para cambiar la realidad de la sociedad. Observad tan solo en el noticiero el efecto nefasto, desgarrador de nuestra realidad. Lo que es preciso, es que el hombre sea más moral, más honrado, lo que es preciso es que el hombre sea más digno. Es preciso que el hombre se sane de aquella enfermedad, o como dijo Voltaire «la más terrible de las enfermedades del ser humano, la pasión de dominar».
No es preciso reinar, lo que es preciso para el cambio es cooperar, el cambio solo se ha de apuntalar del trabajo mancomunado de hombres libres y de buenas costumbres. Y cuando den funeral a vuestras ilusiones, al cabo de cada ciclo, tal como ya os habéis acostumbraros cada cinco años.
¡Despertad! es tiempo ya, exigí más, cuestiona más y no compréis más espejitos a los demás. Ponte a escuchar con más atención las palabras aladas de los voceros sectoriales, partidarios de la sangre, pon más atención y plácidamente has de contemplar que solo quieren reinar para defender sus zoquetes, para alzar el salario de tal o cual correlí, en ciertas instituciones estatales, porque según manifiestan les hiere que aquellos de los tales colores de pañuelos poseen salarios más jugosos que aquellos que comparten el color de sus pañuelos. ¡Te gritan en la cara por diversos medios, y a causa del efecto del opio, oh! sufrido pueblo no logras comprender lo que escuchas o lo que ves, y te dan una banana y vas a votar.
Lo que es preciso no es ser de tal o cual, que solo de la mano de tales el cambio, “el progreso” ha de llegar. Lo que es preciso es despertar.
Comparto las palabras de un hombre que un día lo escuché decir que hoy día, el sistema concibe como un acto de rebeldía: “pensar”, pensar por sí mismo. Lo que es preciso es que el hombre sea ame a sus hermanos, a sus compueblanos. Es preciso que el hombre sea libre, eso es lo que es necesario, en definitiva, ¡liberarse de sus cadenas! Las cadenas que sostienen otros hombres en una penumbra, y gobernar, por el interés del pueblo, y no por los intereses de aquellos que ejerce el poder desde las sombras.